El ser humano trata de hacer soportable lo insoportable; racionalizando, desviándose, proyectando su angustia en el otro, buscando un refugio que crea seguro… A finales del siglo XIX, Sigmund Freud desveló una serie de mecanismos que el ser humano, en su vida cotidiana, utiliza para no reconocerse como un ser miserable, impotente, ignorante de sentido, destructivo, culpable de no-ser. El punto de partida fue la “formación reactiva” en el “caso Schreber” (o la homofobia como un mecanismo de defensa ante el reconocimiento de la propia homosexualidad.) El yo que odia por no amar lo que no puede amar. El que ama la vida porque realmente le resulta insoportable, la expone a los demás, se exhibe como el ser feliz que no puede ser. Y después vendrían el “principio de nirvana” y la “pulsión de muerte”: la autodestrucción, el suicidio, las drogas… la gran estafa del rock’n’roll, las aventuras del gato Fritz, la filosofía de la a a la b y de la b a la a, la novia despechada de Ian Curtis, la matanza de Waco, las teorías sobre la muerte de Kurt Cobain, el asesinato de Houellebecq en su propia novela, los dos “Parises” de Brassai y Doisneau, la segunda parte de “El Desencanto” (después de tantos años que no son tantos…), el 15M y el fracaso del liberalismo, los malos viajes, “El Acto” revisitado, el fracaso de Facebook en bolsa, Kate Moss retratada como virgen sangrante por Fabio McNamara, el colapso de la civilización occidental y la última gran guerra…
...Y Freud mató al Padre y el Padre calló para siempre. Amén.


